La cita estaba hecha hace un año. Con fidelidad tenía que dar espacio al encuentro, distante en el tiempo pero intenso. Antes de las cinco de la mañana del sábado 21 de junio el reloj me anunció la hora de partir. Desde el otro lado del cerro Sombrero pude ver la fogata que indicaba el lugar donde ya se habían congregado los pasantes del Machaq Mara. En los restos de la oscuridad del día que se iniciaba, avanzamos hacia la cima hasta encontrarnos con Gumercindo, el yatiri de Caquena, quien presidiría los rituales de esta celebración. Iluminado por el fuego pude ver su silueta en el centro del círculo y de a poco fui distinguiendo a los otros invitados.
Más tarde, y aún en las penumbras, fueron llegando las autoridades máximas de la nación andina. Fue el turno del amauta de Bolivia, quien dio la bienvenida al tata wilka, que en el altiplano aparece a las siete de la mañana, pero en un día nublado, el primer día de invierno en el desierto, se hizo esperar hasta el mediodía. La religiosidad y espiritualidad cósmica ancestral se sintió a través de los abrazos y de las manos unidas en un gran círculo abierto hacia el este, para dar espacio a la luz del nuevo sol. El instante solemne para recibir al padre sol y a la madre tierra cerró las voces humanas, y dio espacio al minuto de silencio, necesario para ser cómplice de un momento único.
La whipala, que representa una extensión territorial conformada por 49 naciones, fue parte de los símbolos que permanecieron durante todo el ritual. Lo que se extrañó, de parte de las visitas, fue la chacana, la cruz andina que sí está presente en los apus de Bolivia. También se evidenció la falta de asistentes, pues en años anteriores había más gente en el cerro. Pero este año participaron dos seremis y un representante del intendente, lo que pocas veces ha ocurrido en esta ceremonia.
Lorenza, la convocante del año nuevo aymara 5.516, presidenta de la Asociación de Mujeres Aymaras Machaq Mara, se sintió emocionada por la espiritualidad vivida entre indígenas y k'aras. Mientras que Magaly entregó la organización del próximo año nuevo andino a Celso, quien tendrá que oficiar de anfitrión de quienes lleguen al cerro Sombrero a esperar al nuevo sol.
Cuando ya el fuego se empezó a extinguir, los encargados de la celebración ofrecieron un rico plato de comida, y los convocados compartieron los licores y bebidas que llevaron para ese momento. Nicolás, con su guitarra, acompañó las canciones relativas a su tierra morena. Fue el fin del Machaq Mara
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