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"Wawasana Thakipa": El embarazo al estilo aymara

Enviado por Manuel el 21/04/2008 a las 01:22 AM

                                                      aymara             Normalmente, que una mujer esté esperando un hijo es una gran noticia, que es prontamente comunicada a todos los conocidos y es motivo hasta para celebrar.

                Sin embargo, para la cultura aymara, este en un hecho delicado que sólo tiene  que ser conocido por los más cercanos, porque significa la pérdida del equilibrio del organismo de la mujer y, por lo tanto, entraña un riesgo.

                 De ahí para adelante, son varias las diferencias que existen entre la concepción occidental y la aymara de lo que significa un embarazo.

                 Por eso, el Servicio de Salud decidió ponerse a tono con la población de ascendencia indígena de Arica, elaborando una guía especialmente para las futuras madres de esa etnia.

                 Se trata de la guía Wawasana Thakipa (El camino de nuestro hijo), que según explicó la antropóloga Malva-Marina Pedreros, coordinadora de este trabajo, es una adaptación de las guías "Empezando a crecer" que el Ministerio de Salud entrega a todas las embarazadas en el marco del programa Chile Crece Contigo.

                La guía ya comenzó a entregarse en el Consultorio de Putre y está previsto que empiece a entregarse en Arica desde el 26 de mayo.

VIDA NORMAL

                 Según explica el texto, para los aymara, la mujer embarazada debe continuar su vida en la forma más normal posible, cumpliendo todas sus labores hasta que le sea posible.

                 Según la tradición, la futura madre debe "trajinar" porque si no la "wawa" crece con frío dentro de la guatita. Las embarazadas salen a pastorear sus animales y antes de volver a la casa cargan leña, en la medida de sus posibilidades, gracias a lo cual, dicen, no se hinchan las piernas.

                 El movimiento, piensan, ayuda a que el niño se acomode en el vientre materno y se mantenga en buena posición.

                 Esta varía, según la creencia aymara, también entre niños y niñas.

                 La norma es que cuando viene un niño, a la madre se le ensanchan las caderas; cuando es una niña, la "guatita" se le pone "puntuda". La razón, explica la guía "es que el niñito es más flojo, siempre está recostado, cuando está en el vientre de la mamá; por eso las caderas de la mujer se abren y se ve más ancha". Las niñitas, en cambio, son más ágiles y siempre están de pie, lo que hace que la barriga de la embarazada se vea más puntuda".

                Quizás por eso se considera bueno que el primer hijo sea una niña, lo que también significa que la familia será bendecida con muchos hijos.

                 Pero no todas las labores son recomendables para las embarazadas. Hilar u ovillar está para ellas prácticamente prohibido, porque puede hacer que el cordón umbilical se enrede en el cuello de la "wawa".

                 Otra precaución que debe tener la futura madre es no exponerse mucho al sol, porque esto puede hacer que su leche se seque.

 

Los mellizos y el rayo

                 En sus recorridos por los pastizales y bofedales, siempre existe la posibilidad de que la futura madre deba enfrentar una tormenta altiplánica y si en ella cae un rayo y la mujer se asusta, es muy probable que tenga mellizos.

                 No sólo eso, sino que también es muy posible que uno de los mellizos tenga el poder de comunicarse con los antepasados, los seres tutelares, sanar enfermedades y de predecir el futuro, porque habrá recibido el poder del rayo

                 Al comenzar el trabajo de parto, la costumbre aymara es dar a la madre agua de hierbas como hierbabuena y Artemisa, que la mantendrán abrigada y facilitarán el nacimiento.

                 También se acostumbra frotar el vientre con una crema de manzanilla y aceite, con el mismo fin.

                 Para los aymara, es muy importante quién será la primera persona en cargar a la "wawa" y pasársela a la madre, ya que el niño o niña tomará muchas de las características de la primera persona que la tome en brazos, por lo que esto está previsto con anterioridad y generalmente es un pariente con reconocidas virtudes, como ser trabajador y honesto.

La alimentación

                Entre las recomendaciones que entrega la guía, hay algunas que son buenas de seguir no sólo por las mujeres aymaras, sino por cualquier futura madre.

                Por ejemplo, en materia de alimentación, alienta el consumo de quinua, ya que aporta proteínas, minerales, calcio, hierro y fósforo en porcentajes elevados, lo que ayuda a la formación de huesos y dientes del niño y al desarrollo de sus células cerebrales.

                La carne de alpaca también es recomendada, porque aporta más proteínas que otras carnes, es baja en calorías y tiene poco colesterol.

                Igualmente recomienda el consumo de maíz, porque contiene ácido fólico, que previene la espina bífida en los niños por nacer.

                La costumbre aymara es que después del parto, la madre se alimente con una sopa contundente, que puede llevar quinua, papas y carne de cordero, porque necesita recuperar fuerzas.

               También se le suele dar agua de ruda, para pasar el malestar y los dolores.

               Para la cultura aymara, amamantar es muy importante, y para tener abundante leche, las madres toman mates de orégano, alfalfa, hinojo, apio o canela.

               La costumbre es dar de mamar al niño hasta los dos años, cuando se produce el destete, acompañado del primer corte de pelo, lo que también marca la incorporación del niño a la vida comunitaria.

               El primer mechón de pelo lo cortan los padrinos y después los abuelos del niño. Después, todos los familiares y cercanos al menor se van acercando en parejas a hacer lo mismo.

               Cada uno de los invitados a esta ceremonia hace un aporte en dinero para el niño, con lo que se comienza a ahorrar para su futuro.

               En el altiplano, los aportes pueden ser no sólo en dinero, sino en llamas o alpacas, para que el niño tenga su propio rebaño.







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