La COCA, (Erythroxilum coca) es un arbusto de origen amazónico, cuyo hábitat son los valles calientes y húmedos entre 1.000 y 2.000 metros de altura comúnmente llamados “Yungas” en el idioma Aymara. Ha sido considerada tradicionalmente por nuestros pueblos indígenas, como una planta sagrada de gran valor alimenticio y curativo. Forma parte de un conocimiento ancestral milenario y aún las pocas etnias que subsisten, adelantan una dura batalla por defenderla contra las fumigaciones y la erradicación forzosa con técnicas biológicas tratando de generar el reconocimiento que debe tener. Por tal motivo, están sustituyendo los usos de la hoja de coca produciendo té, extractos medicinales y empleándola para sus prácticas curativas y chamánicas. El uso de la hoja de coca para "mambear" o masticar data de milenios y es universalmente conocido. Comúnmente, se tiende a identificar la hoja de coca en forma natural, con la cocaína, es decir, el compuesto químico –utilizado en un principio como analgésico- extraído de la planta mediante un largo proceso que termina por seleccionar el alcaloide de la hoja, convirtiéndolo en estupefaciente. El proceso consiste en pasar de la hoja de coca, a la pasta y de la pasta, a la base de cocaína, que luego se convierte en clorhidrato de cocaína, componente altamente tóxico para el organismo que genera alteraciones del sistema nervioso, cardiovascular y respiratorio, además de que estimula el Sistema Nerviosos Central produciendo dependencia y trastornos mentales y físicos. La campaña irradiada por los medios de comunicación estadounidenses desde mediados del siglo pasado, para identificar la coca con la cocaína, -ocultando que de los 16 componentes de la droga, sólo la vieja y sagrada hoja de coca es producida en América del Sur, mientras los otros 15 elementos, legales todos, son importados de EUA y Europa- ha generado una prevención en cuanto al uso de la planta en forma natural, tal como lo han venido haciendo por cientos de años los pueblos indígenas de nuestra América mestiza. Se trata de una campaña de desprestigio de la planta, con el fin de controlar la oferta del narcótico. Uno de los mayores temores frente al consumo de este producto es si genera o no dependencia. . El riesgo de desarrollar adicción con el uso del Mate de Coca, es ínfimo, si pensamos que necesitaríamos más de 500 bolsitas para obtener 1 gr. de cocaína, de las que solo se absorberían cantidades mínimas en nanogramos (1 nanogramo es 1 millonésimo de miligramo) y que además, en un tiempo tan prolongado que no permitiría llegar a concentraciones suficientes como para producir trastornos de psicoestimulación o de conducta. Según estudios recientes, el té de coca, precisamente sirve para tratar a los adictos que padecen el síndrome de abstinencia que puede ser manejado con estas tisanas al proporcionar más tranquilidad y asimilación de nutrientes, dicen médicos especialistas en el tema. La concentración de cocaína en la hoja, es muy baja, según investigaciones realizadas por médicos farmacológicos de la universidad de Caldas, y por lo tanto, ingerida en forma natural, no produce toxicidad grave ni genera dependencia. Actúa como estimulante leve, mejora la atención y la coordinación de ideas, es algo así como tomarse un café concentrado.
Fuente: WWW.MAMACOCA.ORG
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